viernes, 17 de mayo de 2013
Leer, escribir, viajar...
Hay quien asegura que la crisis llegó a las librerías mucho antes que a los titulares de los periódicos. Que cada vez se leía menos, que cada vez se compraban menos libros y que cada vez eran más las librerías que cerraban sus puertas o echaban la persiana.
Cuando escuchaba o leía estas cosas siempre sentía bullir en mi cabecita un extraño pensamiento, una mezcla de resquemor e incredulidad, y argumentaba conmigo misma, en un debate un tanto absurdo, que no podía ser, que nunca antes se había publicado tanto, que eran tantos los títulos a los que debía enfrentarme, cada vez que quería adquirir uno, que me resultaba prácticamente imposible... de ésto hace ya algunos años.
Hace poco escribí sobre la desaparición de una de las librerías, no se si decir favoritas, que formaban parte de la rutina de mi vida. Es ahora cuando comienzo a preocuparme, porque se venden menos libros, porque desaparecen los libreros... aunque sigo enfrentándome a la indecisión ante las montañas de ejemplares que se me ofrecen. Hace mucho que ninguno de ellos me mira a los ojos, suplicándome un "llévame contigo", coqueteando con una portada atractiva, con un título sugerente, aunque sigo apostando por los que para mí son un "valor seguro", mis autores favoritos. Pero echo en falta a esos otros, los del amor a primera vista, los de la seducción inmediata, los de la aventura y el riesgo, o quizá soy yo quien, después de algunos desengaños, no quiere atreverse con elecciones de resultado incierto.
Es verdad que también yo compro menos libros, por un problema de espacio físico y porque, como a casi todos, me ha tocado "mirar el bolsillo" antes de adquirirlos. Alguno pensará que lo del espacio es una excusa y que este problemilla hoy se soluciona adquiriendo libros en formato digital pero soy de las que se resisten a abandonar el papel, al menos del todo. Y por otra parte, salvo algunas excepciones, la diferencia de precio entre uno y otro formato es imperceptible...y puestos a elegir, nos seguimos aferrando a todo aquello que nos resulta tangible.
De cualquier modo, y desde que tengo memoria, siempre fue posible leer en cantidad y calidad sin tener que desembolsar un duro, perdón un euro. Soy una defensora a ultranza de las bibliotecas públicas. Seguro que más de uno exclamará, se llevará las manos a la cabeza, esgrimiendo argumentos del tipo: "y si todo el mundo acude a la biblioteca, quién va a comprar los libros?". Para mí la respuesta es sencilla, pues aquellas personas que aprendieron a amar los libros gracias a su labor, comprarán otros siempre que tengan la oportunidad.
Ahora que se ha puesto tan de moda eso que llaman bookcrossing, recuerdo con nostalgia mi época de adolescencia y juventud. El intercambio de libros con amigos y compañeros de clase, los que compraba en mercadillos de ocasión o los que cambiaba en otros puestos por un precio casi simbólico, aunque estos últimos solían ser sobre todo comics que compartía con mi hermano, de manera que crecí también como lectora con los superhéroes de extraordinarios poderes.
Hace pocas semanas se celebraba el día del libro. Los puestos en calles y plazas, en tantas otras ferias, llenaban páginas de periódicos y titulares en televisión. Cada tarde, al salir del trabajo, cruzaba la Plaza desangelada, y miraba de reojo los puestos casi vacíos, si acaso alguna madre adquiriendo algún título infantil, y dudaba entre si debía entristecerme o enfadarme. Seguramente, la lluvia insistente y los días grises no ayudaban demasiado, pero es que nisiquiera yo sentí la tentación de pararme, pues de un vistazo resumí el catálogo de lo que se ofrecía: literatura infantil aparte, algunos best seller en formato de bolsillo, otros de materias esotéricas y un gran número de títulos en una lengua que no comprendo pero que debe ser muy importante, según algunos, dada la gran afluencia de público.
Pero yo sigo con mi argumentación, sobre cuan barato y reconfortante resulta el ejercicio de la lectura, desde siempre pero sobre todo ahora. Gracias a las nuevas tecnologías he descubierto lo que pueden ofrecer algunas revistas digitales, como la que edita mi amigo - espero que me permita llamarlo así- Carlos Manzano, "Narrativas", que me ha posibilitado descubrir tantos autores interesantísimos y darme grandes atracones de relatos. Del mismo modo que se me ha permitido disfrutar como lectora es una excelente oportunidad de publicar para algunos escritores, algunos noveles e incluso otros más experimentados, que tal y como está el panorama editorial lo tendrían bastante difícil.
También ha puesto en marcha otro proyecto editorial, para vender libros en formato electrónico, en el que conviven títulos nuevos y antiguos a unos precios muy razonables. Y ésto lo dice una nostálgica del papel...Por cierto, mientras exploraba el último número de Narrativas dos mosquitos impertinentes perturbaban la paz de mi lectura, hasta que he decidido aplastarlos. Menos mal que ha sido contra la tapa de mi iPad, sobre el papel hubiese quedado una mancha asquerosa!.
Nunca fue tan "fácil" exponerse, algunos incluso pueden escribir un blog!. Ironías aparte, hay tanta buena, y mala, literatura en la red que uno llega a sentirse minúsculo, perdido, o abrumado y engullido. Voy de un click a otro click hasta que temo desaparecer tras la pantalla, hasta que pulso el cuadradito con la x o salgo corriendo.
Admiro a aquellos que escriben, a mis amigos, a los valientes que pelean e incluso publican. Admiro a quienes persiguen un sueño... el mío siempre fue viajar y poder contar esos viajes. Sobre si ésto último es posible siempre argumenté que viajar no es un lujo, ni un capricho, sino una necesidad vital. Ya se que muchas personas no sienten ningún interés por hacerlo y yo no tengo ganas de convencerlas. Tampoco de explicar como se puede lograr sin tener un enorme poder adquisitivo pues quienes comparten este deseo lo saben muy bien.
En el mundo que imagino, luchar por los sueños debería ser un mandamiento, renunciar uno de los pecados capitales. Me debato entre la duda: estaré irremediablemente condenada o queda un resquicio de esperanza para la redención?
Leer, escribir, viajar...soñar.
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